Mini torrijas de vino y miel


Estos días parece que no eres nadie en la blogosfera cocinillas si no publicas una receta de torrijas. Dulce típico de estas fechas cuaresmales, se supone que es, en origen, una manera energética y barata de compensar la falta de alimentos contundentes impuesta por el ayuno. Total, que ahora que no ayuna ni el tato, y como mucho los más practicantes cambian la carne por pescado, lo que hacemos con las torrijas es atocinarnos un poco más, o algunos mucho más, casi en las proporciones de la época navideña, y más este año, que acabamos de salir de los buñuelos y en unos días estaremos, como siempre, con una mona de Pascua entre manos.

Pero bueno, no quiero yo añadir un plus de culpabilidad a estos días que supuestamente son de contricción y comedimiento. En El tio Pep ni somos muy comedidos ni tendemos al arrepentimiento y a la penitencia, así que comprenderéis que no somos los fans número uno de la Semana Santa. Pero si una tradición incluye un manjar supercalórico que meternos entre pecho y espalda, allá que nos vamos. Hemos aprovechado que en casa no tenemos, vete tú a saber por qué, una receta familiar de torrijas, para inventar las nuestras en tamaño mini, utilizando, de manera bastante heterodoxa, panecillos secos, los de los canapés de toda la vida, unidos de dos en dos con un poco de miel en el centro y bañados en vino dulce. El resultado es bastante digno, a pesar de su extrema facilidad. Basta con tener cuidado a la hora de empaparlos y freírlos, porque es más fácil pasarse por culpa de su sequedad y su pequeño tamaño. Por lo demás, se hacen en lo que tarda en calentarse el aceite. 



Así que nos ponemos manos a la obra, que están en un minuto:

Ingredientes (para 12 mini-torrijas)

24 panecillos (biscottes) de canapé. O tantos como torrijas quieras hacer.
1 huevo.
Vino dulce, miel, azúcar y canela.
Aceite para freírlos.

Preparación:

1. Pon música y dispón dos platos hondos y dos llanos en la superficie de trabajo.
2. En uno de los platos llanos, coloca papel absorbente. En el otro los panecillos.
3. Llena uno de los platos hondos hasta la altura de un panecillo con vino dulce.
4. Casca un huevo en el plato que queda. Bátelo.
5. Coge un panecillo. Echa sobre él un poco de miel. Pega otro panecillo haciendo que coincidan. Presiona para que se peguen el uno al otro.
6. Repite 5 hasta haber juntado por parejas a todos los panecillos.
7. Pon abundante aceite a calentar.
8. Pasa los panecillos de uno en uno por el vino, luego por el huevo, y fríelos en el aceite bien caliente.
9. Ve depositándolos sobre el papel absorbente para que eliminen el exceso de aceite.
10. Espolvorea azúcar y canela, o rebózalas en una mezcla de ambas.

Comentarios

  1. pues si que son especiales si...pero mira..en un mos tot cap a dins!..

    yo las queria probar con vino tinto..dejandolo hervir,hasta hacer una reduccion,asi de paso se va el alcohol..y despues el mismo procedimiento que con las de leche..pasadas por huevo ,fritas,y rebozadas en azucar,,es que lo oi en la radio,,y se me han quedado entre ceja y ceja.....
    bss

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  2. Me parece mu buena opción la reducción de tinto, Patri, seguro que se puede especiar y aromatizar el vino y quedará genial. Estas nuestras son más simplonas, pero muy buenas para improvisar de repente un día e impactar al respetable, porque están bastante buenas.

    Eso sí, supongo que un poco de alcohol deben tener, así que no son aptas para niños. Un saludo y gracias por pasarte!

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