Aunque todos los años me propongo ser comedido con el comer y el beber de estos últimos quince días, siempre acabo saltándome estos buenos propósitos y llego al último bocado de roscón de reyes con una sensación de estar intoxicado de grasas, glucosa y alcohol. Así que me resulta imposible imaginar una cena más adecuada para el día siete de enero que una ensalada. Ha desintoxicarse tocan.
La prota de nuestra ensalada de hoy es la naranja. Una fruta de aires tropicales que sin embargo está en pleno apogeo en los meses más fríos. De hecho, si vivís por aquí cerca es posible que tengáis la inmensa suerte de experimentar el placer de comer una naranja recién cogida del árbol. Quien más quien menos tiene un naranjo cerca o algún bienintencionado dueño de un naranjo que te regale, como me ha pasado a mi, unos cuantos kilos. Un chute de vitaminas, un tratamiento antióxido y una defensa contra los resfriados en una misma tanda. Nosotros la colocamos sobre escarola, nuestra lechuga de invierno preferida, y le ponemos unos gajos de pomelo rosa, del que podéis prescindir si no sois muy aficionados a su toque amargo. Y para rematar, un puñadito de pasas y pistachos. Sí, ya sé que he dicho que íbamos en plan desintoxicador y ligerísimo, pero no vamos a dejárnoslo todo de golpe o no soportaremos el mono. Tampoco pasa nada por cuatro pistachos, no me seáis talibanes.












