domingo, 30 de junio de 2013

Tabulé fruto de un asalto


La vida definitivamente está hecha de casualidades, o bien podemos llamarlo destino, o bien es que Dios, como dijo Einstein, juega a los dados con el Universo. No es que hayamos vuelto a ver el principio de Magnolia, la fabulosa película de Paul Thomas Anderson, que también. En esta ocasión, lo que nos ha llevado a reflexionar en plan cuántico es una simple sémola de trigo. Os cuento: llevábamos tiempo queriendo preparar un tabulé, porque hay uno en particular que nos gusta mucho y queríamos imitarlo. Se trata del que hacen a veces para el menú del día del Pikadura café, en la Explanada de Alicante. No me preocupa hacerles publicidad porque son amiguetes, pero no me acababa de atrever a pedirles la receta, así que se fue quedando en la lista de pendientes y casi la había olvidado.

Pero un buen día de finales de primavera, una simpática bloguera granadina, Conchi, del blog Gastro andalusí, pensó dinamizar la red cocinillas del país con un reto llamado el asaltablogs, al que nos apuntamos sin dudarlo porque nos pareció una idea fantástica. Se trata de que todos asaltemos a la vez un blog, le robemos una receta y la publiquemos el mismo día, a la misma hora. ¿No es una idea brillante? Como EL TIO PEP está hecho de robos perpetrados con más o menos acierto, no podíamos resistirnos a participar. 

Mientras tanto, o mejor dicho unos meses antes, en la hermosa región de Murcia, un simpático bloguero llamado Raúl bajó un día a la tienda del señor árabe de su barrio a comprar cus cus y se volvió a casa con una receta de tabulé y unas mezclas de especias muy especiales. De la primera hizo un remix con sus primeras pretensiones, le salió buena y la publicó en su blog. El blog se llama Contigo en la playa, y es el blog que casualmente fue elegido por Conchi para ser el primer asaltado. Total, que mucho tiempo después yo he conseguido imitar e incluso superar mi tabulé favorito gracias a la cósmica unión de una bloguera granadina, un bloguero murciano y un señor árabe que a saber qué avatares habrá vivido hasta llegar a la huerta del Segura. ¿No es apasionante? Para que luego digan que el destino no existe, aunque sea escondido en un bol de ensalada.

Pues sí, aquí está el fruto de nuestro asalto, procedente de esta receta de Tabulé del blog de Raúl. Aparte de la presentación hecha con idea de ser originales, no tiene mayores cambios.Os recomiendo, eso sí, que os paséis por Contigo en la playa, porque todas sus recetas son fantásticas y muy sencillas, y el sitio es agradable de ver y de leer, con un toque vintage, como de película de Eric Rohmer (no sé si es casual la referencia a su film Pauline en la playa, pero yo lo meto por si cuela). También es una pasada el blog de la organizadora de todo este tinglado, Gastro Andalusí, a la que agradecemos desde aquí la dedicación y el currele que se ha pegado. 


viernes, 21 de junio de 2013

Escalivada AKA rostit

Hoy llega oficialmente el verano, ya estamos a las puertas de San Juan, la gente se ha tirado a las playas y encima vamos a tener luna llena. Para más inri, aquí en Alicante estamos en plena fiesta grande. Nuestras hogueras (a las que aprovecho para invitar a todos nuestros lectores) son un despliegue de luz, color, pólvora, ruido y fiesta que se vive en las calles. Así que, ya sea por reminiscencias licántropas (echadle un ojo al enlace, merece la pena como ejemplo de la creatividad alicantina, ya que estamos haciendo patria), o por las aglomeraciones en las mascletás o simplemente por el calor, la ropa ligera y la longitud de los días, estamos todos un poco más nerviosetes de lo normal, como con la temperatura de la piel un par de grados más elevada. Yo por lo menos estoy un pelín deshasosegado, como Iñaki en este ninot, perdonadme el detalle procaz.

Sea como sea, el cuerpo agradece estos días comida ligera y refrescante, fría y con pocas complicaciones. Y encima si se puede preparar con antelación y es transportable, pues mejor. Esta opción de hoy es perfecta para cenar en la playa antes de ponerse a saltar hogueras, y en Alicante para llevarla al racó (combina perfectamente con la coca amb tonyina, un must alicantino que os prometí pero con el que no acabo de atreverme). En mi casa se le ha llamado toda la vida rostit (literalmente "asado"), pero el nombre canónico debería ser escalivada, pues está claramente muy entroncado con esta preparación de raigambre catalana. El único secreto es vigilar el horno para conseguir ese punto de cocción ideal en el que las cebollas ya no están duras pero la berenjena no se ha chumascado. Los Josedavides que nos lean nos dirían que lo que hay que hacer es asar por separado cada cosa, y podéis hacerlo cuando tengáis mucha cantidad, pero a mi me gusta hacerlo todo a la vez para ahorrar tiempo, energía, y tener cada cosa con un puntito diferente de cocción le da un toque muy interesante. Bruto que es uno.


miércoles, 29 de mayo de 2013

Coca de tomates y espinacas


 "Me viene a la boca un sabor a coca". Esta frase, propia de un festero irredento en una mañana de resaca, fue pronunciada ayer, sin embargo, por Samantha Vallejo-Nájera en horario de máxima audiencia en la televisión pública de este país. Y es que en el programa número ocho de Master Chef España, emitido ayer día 28 de mayo, se nos adelantaron planteando como prueba de eliminación la preparación de una coca, según ellos una "coca catalana". El caso es que nosotros teníamos en reserva esta coca de masa "alicantina" y cobertura inventada, así que aprovechando la ocasión, pues aquí la tenéis. Os avisamos que si hubiéramos estado en la prueba de anoche seguramente hubiéramos sido los eliminados, porque a nosotros nos gusta que la masa sea algo gruesa y más esponjosa que crujiente. Además, le pusimos queso, cosa que la desvirtúa y la "pizzea". Para rematar pusimos demasiado pronto las espinacas y se quedaron un poco secas (pero ya os lo he rectificado en los tiempos de la receta). Aún así fue un éxito de crítica y público, porque también tiene sus aciertos: los piñones tostaditos y el caramelizado de los tomates cherry, por ejemplo. Y esos colorines tan vistosos. Y que se deje crecer la masa una vez estirada, cosa que le da aún más ligereza. 

La receta es la misma que la de nuestra coca de atún y cebolla, que salió de esta de mi hermano publicada por su mujer. Todo queda en casa.

viernes, 17 de mayo de 2013

Nocilla dream (tarta mousse de nocilla)


Todos (por lo menos todos los que éramos críos en los 80) tenemos en algún rinconcito del alma una rebanada de pan de molde, que entonces era simplemente bimbo, untada de nocilla, y una melodía sencilla pero resultona que es, en realidad, la primera receta de cocina que muchos aprendimos: ya sabéis: leche, cacao, avellanas y azúcar. Si alguien al leer esto no ha entonado mentalmente alargando la última aaaa, es que no tuvo infancia. Yo, la verdad, la nocilla no la veía más que en los cumpleaños, pero aún hoy perparamos unos cuantos sandwiches cada vez que nos juntamos los amigos para celebrar alguno, para regodearnos una vez más en nuestro patético peterpantismo. 

El poder de tótem generacional de esta marca que no debería citar tanto (porque no me pagan) queda claro en el hecho de que haya dado nombre hasta a una corriente literaria. Agustín Fernández Mallo escribió una trilogía con el nombre en el título (nocilla dream, nocilla experience y nocilla lab se llamaban los libros) y de ahí se empezó a denominar "Generación nocilla" a un grupo de escritores de más o menos la misma edad.

Hecho el apunte gafapastoso del día, vamos a lo que vamos. A una tarta de mousse de nocilla que está riquísima y no necesita horno, se hace muy fácil si sabes el truqui para montar nata y claras de huevo, que os explicábamos aquí, y si tienes la precaución de servirla muy fría, casi helada. Sea como homenaje a nuestra infancia o a la trilogía de Fernández Mallo (no en vano también es una trilogía de base, mousse y cobertura) el caso es que está buenísima y es un triunfo asegurado. La receta salió de esta del blog Bocados de cielo, aunque nosotros hemos cambiado la base de bizcocho por una de galletas y ellos cometieron el sacrilegio de llamarla "mousse de nutella", polémica en la que no vamos a entrar.



lunes, 13 de mayo de 2013

Dipeando que es gerundio (I): Hummus

Después de un paréntesis publicador (por el que pedimos disculpas a la legión de fans que están todo el día mesándose los cabellos desesperadas por volver a leernos) aquí estamos otra vez. Deberíamos haber vuelto a lo grande, con algún plato sofisticado de los que podrían dejar sin palabras al mismísimo jurado de Master Chef (programa-engendro que despierta nuestro más sincero amor-odio y del que tenemos pendiente una entrada), pero no, aquí estamos con una de esas cosas resultonas que consisten, básicamente, en abrir un bote y usar una batidora. Queremos iniciar una serie dedicada al noble arte del dipeo, ya sabéis, esas salsas tipo paté que te solucionan un aperitivo en un pispás y que recorren la geografía mundial. La serie la inauguramos hoy con el archiconocido hummus, una joya de la cocina mediterránea muy extendida entre esa tribu entrañable de gente que no come carne y le encuentra sabor al tofu. Pues esto es, poco más o menos, un paté de garbanzos, y oiga, para ser vegetariano no está mal.

Recetas hay muchas, todas se basan en los garbanzos y el tahini, que es una pasta de sésamo de intenso sabor y gran untuosidad. Como comprenderéis, en encontrarle el punto a las proporciones de ambas está el secreto. Por lo demás es posible añadirle muchas cosas. Por ejemplo, el blog vegetariano de referencia, Vegetal y tal, nos sorprende con esta receta que incluye cebolla y una versión con remolacha, nuestros amigos de  cocinar-con-ciencia hicieron este con queso de cabra que tiene pinta de estar muy rico. En La receta de la felicidad publicaron este otro de exquisita presentación y que usa ajos asados. Nosotros, para ser el primero, queríamos irnos a lo básico, que fuera sólo un poco más que abrir el paquete del Mercadona, y nos decantamos por seguir esta receta del blog Javi Recetas, cuya solvencia queda demostrada, ya que si pones hummus en google, sólo le gana la wikipedia. Nosotros lo hicimos todo igual, pero sin el perejil y con menos ajo, pero eso es una cuestión de manía personal sin ningún fundamento. Os escribo lo que hicimos a continuación, pero cualquiera de los enlaces de arriba os servirá igual o mejor.


viernes, 19 de abril de 2013

Pepe's famous carrot cake

Esta semana ha salido el sol y ha llegado el calorcito a las Españas, así que estamos todos medio histéricos con las lorzas acumuladas en los meses de frío, y medio país está a dieta, ha empezado a correr o las dos cosas. Pues nosotros al revés, hoy proponemos la mayor bestialidad calórica que ha pasado por aquí. Una de esas recetas de la señora granjera de la América profunda que igual te hace una colcha que te enseña a manejar un rifle de repetición. Una tartaza de las que te hacen comprender por qué la mortalidad asociada a la obesidad ha superado por primera vez a la asociada con el tabaco en USA. Una preparación que es una bomba de hidratos de carbono y grasazas de lacteos en toda regla. Sí, amiguitos, por mucho que en su título y en su interior lleve verdurita, no os hagáis ilusiones. Engorda y mucho. Como dijo alguien el otro día, con cosas como esta hay que pasar de la operación bikini a la operación burka. 

Pero una alegría al cuerpo hay que darse de vez en cuando. Y si estamos gordos (soy el primero en entonar el mea culpa), eso tiene más que ver con hábitos de vida poco saludables (incluida una mala alimentación en general) que con comerse un trozo de maravillosa carrot cake un día, una vez, en un cumpleaños, como hicimos nosotros el otro día. Al tratarse de una tarta de cumpleaños, no tengo una foto en condiciones del corte, así que tendréis que imaginaros lo bonito que queda. Porque queda espectacular, y está espectacular. Y no tiene más complicación que el momento de cortar el bizcocho por la mitad para rellenarlo. No es para tanto, pero podéis prescindir de este paso si no os veis con maña suficiente. Yo también empecé haciéndolas sin relleno, pero cuando te atreves la cosa mejora bastante, y los pequeños fallos son fáciles de disimular.

Y de ahí en adelante, el número de pisos es opcional. Las cantidades que aquí damos son para un sólo bizcocho, partido por la mitad y, por lo tanto, con tan solo una capa de relleno. Canónicamente, sin embargo, estas tartas son más altas, así que si queréis ganar el primer premio de la feria del condado, tendréis que hacer dos o más bizcochos y añadirle más pisos. Vosotros mismos.




viernes, 12 de abril de 2013

Blondie, con pistachos


Mientras escribía el título de esta entrada me estaba imaginando a Debby Harry, cantante de la ochentera  banda Blondie, cantando impertérrita Hearth of Glass (como podéis ver aquí). Hasta aquí todo normal, pero en mi imaginación, mientras coge el micro con una mano, con la otra va comiendo pistachos y escupiendo las cáscaras al suelo, dejando el escenario manga por hombro. Asociaciones de ideas algo bizarras, pues, hoy en El Tio Pep. No es que tenga yo noticia de incivismo por parte de Mrs Harry, no vayáis a pensar, más bien al contrario. Que los Blondie se volvieran a reunir con éxito en los noventa y mantuvieran el tipo con un tema como Maria es digno de admiración. Y encima me entero gracias a Google que hizo sus pinitos como actriz coprotagonizando esa marcianada de David Cronnembergh llamada Videodrome. Así que le pedimos perdón desde aquí a Debby, en el remoto caso de que lea estas líneas.

El caso es que la entrada de hoy no tienen nada que ver con la escena pop de décadas pasadas. Blondie, sencillamente, es como se le llama normalmente a un brownie (o especie de) hecho con chocolate blanco en lugar de negro. El resultado es, como podréis aventurar, mucho más suave, bastante dulce y con poco sabor a chocolate. "Para eso hago un brownie", pensaréis. No os falta razón, pero la textura de este bizcocho y la costrita crujiente que se le forma de verdad que merecen la pena. La receta es del libro de The Hummingbird Bakery del que os hablábamos aquí. Eso sí, los pistachos son cosecha propia. Yo intenté pelarlos escaldándolos (como se hace desde siempre con las almendras) y el resultado fue desastroso. Así que, hasta que encontremos algún truco más efectivo, los pondremos con piel (que no cáscaras, no confundir). Se agradecerán aportaciones en este sentido en la zona de comentarios.


viernes, 5 de abril de 2013

Guinness cheese-frosted (or not) cupcakes

O lo que es lo mismo, magdalenas de cerveza negra con cobertura de queso crema, o no. Pero no me negaréis que, ya que nos ponemos en plan cuqui-mono, no es más chuli dejar el título en inglés, osea. 

Ya sé que he despotricado contra la moda cupcakera en más de una ocasión, y sigo siendo un detractor de la pastelería que se come (solamente) por los ojos. Las tartas escultóricas que más parecen figuras de lladró que pasteles (que son, perdonadme la osadía, incomibles y ni siquiera son bonitos, en la mayoría de los casos) ocupan el primer puesto en mis manías. No puedo sino reconocer el mérito en horas de trabajo que llevan, pero no son cosas para comer sino para admirar. Y hacer pastelería en casa con productos químicos propios de la pastelería industrial me parece ya un despropósito del tamaño de la provincia de Cuenca ¡Abajo el fondant!

Bueno, dicho esto, os preguntaréis qué narices hago publicando una receta de cupcakes. En primer lugar, tienes que abrir una lata de cerveza negra para hacerlas, cosa que refuerza tu yo menos cursi porque solo usas la mitad, y algo tienes que hacer con el resto. Más allá del chascarrillo, esta masa de intenso sabor a cacao tiene una textura estupenda y está deliciosa. Para acabar de quitarnos el sentimiento de culpa, nuestro frosting no incluye mantequilla y le ponemos un copete más bien comedido, escaso para los adictos a la glucosa. También podemos prescindir de él, pero le da un toque muy especial, y el resultado es de un elegante blanco y negro que parece que en lugar de tomarte un pastelillo estés metido en una comedia sofisticada del hollywood clásico. 

La receta está más que documentada en la red, pero parece ser que la autoría se atribuye generalmente a la sin par, televisiva y británica Nigella Lawson. Yo tomé las proporciones de esta publicación del blog Mar entre fogones, y  lo único que hemos adaptado es el tiempo del horneado al tamaño pequeño de nuestros pasteles individuales, magadalenas, cupcakes o como queráis llamarlos.

martes, 2 de abril de 2013

Risotto verde de champiñones y espinacas

Parece un contrasentido que la primera receta de arroz de un bloguero alicantino sea un risotto, pero la razón es puramente práctica: todos por aquí tenemos impreso a fuego en la cabeza, el corazón y las papilas gustativas, ese arroz perfecto que suele coincidir con el de nuestro padre en un domingo de campo, nuestra abuela en aquellas reuniones familiares de mesa interminable o el chiringuito playero favorito de nuestras infancias, cuando podíamos pasarnos todo el día al sol sin crema protectora, pero era peligrosísimo bañarse hasta pasadas dos horas del último bocado. En suma, que con tal cúmulo de símbolos sagrados y nostalgias varias es muy difícil competir. Y no seré yo quien se atreva, que ya sabéis que estamos medio empezando en esto de los fogones y no es cuestión de ir por la blogosfera haciendo el ridículo.  Mucho mejor una receta extranjera para pegarse el pegote de arrocero y salir del paso con algo de dignidad. Así, si te dicen, por ejemplo: "Nene, este arroz está engachado", puedes responder: "Es que es así", y quedarte tan ancho. 

La fuente de nuestra receta es esta de  JaviRecetas, pero hemos añadido las espinacas y reducido la cantidad de arroz. Allí encontraréis, además, buenos consejos sobre el risotto y un enlace a la mejor manera de hacer un caldo de verduras. El risotto parece muy complicado, pero mi experiencia es que no tiene mayor secreto que prestarle un poco de atención y que el caldo sea bueno. Porque el caldo aquí lo es todo, ya que el arroz lo que hace es absorber todo su sabor. Yo seguí a pies juntillas las instrucciones que os enlazo arriba, pero le añadí también unas espinacas para potenciar el sabor y el color verdes del plato final. Y fue todo un éxito. Eso sí, quizás motivado por la ausencia de italianos en la mesa de ese día.

jueves, 28 de marzo de 2013

Mini torrijas de vino y miel


Estos días parece que no eres nadie en la blogosfera cocinillas si no publicas una receta de torrijas. Dulce típico de estas fechas cuaresmales, se supone que es, en origen, una manera energética y barata de compensar la falta de alimentos contundentes impuesta por el ayuno. Total, que ahora que no ayuna ni el tato, y como mucho los más practicantes cambian la carne por pescado, lo que hacemos con las torrijas es atocinarnos un poco más, o algunos mucho más, casi en las proporciones de la época navideña, y más este año, que acabamos de salir de los buñuelos y en unos días estaremos, como siempre, con una mona de Pascua entre manos.

Pero bueno, no quiero yo añadir un plus de culpabilidad a estos días que supuestamente son de contricción y comedimiento. En El tio Pep ni somos muy comedidos ni tendemos al arrepentimiento y a la penitencia, así que comprenderéis que no somos los fans número uno de la Semana Santa. Pero si una tradición incluye un manjar supercalórico que meternos entre pecho y espalda, allá que nos vamos. Hemos aprovechado que en casa no tenemos, vete tú a saber por qué, una receta familiar de torrijas, para inventar las nuestras en tamaño mini, utilizando, de manera bastante heterodoxa, panecillos secos, los de los canapés de toda la vida, unidos de dos en dos con un poco de miel en el centro y bañados en vino dulce. El resultado es bastante digno, a pesar de su extrema facilidad. Basta con tener cuidado a la hora de empaparlos y freírlos, porque es más fácil pasarse por culpa de su sequedad y su pequeño tamaño. Por lo demás, se hacen en lo que tarda en calentarse el aceite. 


martes, 26 de marzo de 2013

Pollo campero asado en vino tinto



Hace poco ha sido mi cumpleaños, como sabréis los que hayáis leído nuestra anterior entrada sobre los buñuelos del día de San José. Pues bien, para celebrarlo me metí en el lío de invitar a mi familia a comer a casa. Y aunque les parezca una aberración a los gurmets más ortodoxos que pasen por aquí, les di pollo de comer. La verdad es que iba en busca de un trozo de carne con algo más de categoría, pero el chico de pueblo algo agarrado que llevo dentro le ganó a la pija por un día que pretendía ser, y aproveché una oferta de pollo campero que había en el súper. Me sentí un poco culpable por no haber ido a la carnicería como era mi primera intención, y porque el precio tan bueno parecía dar a entender que alguien había estado agotando las reservas de colorante amarillo del país, ya me entendéis, y que el pollo de campero tendría poco más que el nombre. Pero debo decir que no fue así. Nos la jugamos con una preparación en rustidera con vino tinto en lugar de blanco, con cebollas, champiñones y unas pasas de uva moscatel rehidratadas en vino de idem. Y para acompañar, unas patatas asadas a la vez, pero en recipiente aparte. Y el resultado, aunque no diera para crear una franquicia a lo Gustavo Fring en Breaking Bad (nota friki del día), fue bastante decente. Qué demonios, estaba buenísimo. Al menos eso me dijeron mis comensales. Pero claro, la familia siempre es benevolente.

Lamentablemente, debo advertiros que los tiempos que indicamos son orientativos. Cada horno tiene unas características, y la intuición del cocinero para jugar con las temperaturas y los distintos programas de que disponga valen más que llevar a rajatabla la receta. De cómo se asa una carne en el horno podéis encontrar muchas opiniones en la red, algunas contradictorias. A mi me gusta, cuando se trata de pollo con su piel y tal, empezar fuerte para que se dore un poco por fuera, y luego bajar bastante la temperatura y dejarlo un largo rato hasta que acaba de hacerse, mojándolo de vez en cuando con un poco de su propio jugo o, como en el caso de hoy, con el vino con el que lo acompañamos. También leí no sé donde que conviene sacar la carne de la nevera como un par de horas antes de hornearla. Yo lo hago y me va bien, aunque no sé si tendrá alguna clase de influencia. Si queréis una opinión con algo más de peso, podéis leer este reciente artículo sobre horneado en webos fritos. Por cierto, la foto es de un trozo de pechuga que sobró, los muslos volaron. Con esta pechuga hicimos una grandiosa ensalada César. Pero eso, como se dice en las películas clásicas, ya es otra historia.


lunes, 18 de marzo de 2013

Bunyols de carabassa (buñuelos de calabaza)

"Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón quise ser un gangster", decía Ray Liotta al principio de uno de los nuestros, la genial película de Martin Scorsese. Yo, como el personaje de Liotta a ser un gangster, también estaba predestinado desde el principio a aquello que mi entorno hacía casi obligatorio: Llamarme Pepe. No solo porque mis dos abuelos se llamaran Pepe, mi padre Pepito y mi tía Pepitina (así como suena), sino porque vine a nacer un día de san José de hace ahora 37 años. Total, que aunque mi madre en principio no quería, acabó transigiendo a las presiones familiares y acabé llamándome Jose en casa y Pepe en la calle, y muchos años más tarde, gracias a Carlos y Ana, acabé siendo El Tio Pep, cosa que me sirvió de título para la cosa esta del blog. Pero eso ya es otra historia.

La historia de hoy es con los buñuelos. Porque, por razones obvias, tengo el aroma de los buñuelos arraigado en lo más profundo de mi imaginario familiar, infantil y sentimental. No en vano, cuentan por ahí que mi madre estaba friendo buñuelos cuando se puso de parto. Así que comprenderéis que no se note ambiente de San José en casa hasta que no empezamos a oler un poco a aceite de fritanga. Recetas de buñuelos hay tantas como Pepes, aquí os dejo la nuestra, que es la de calabaza. Las cantidades que damos son más o menos la mitad de una buñolada en condiciones, pero yo prefiero hacer dos tandas para controlar mejor el tema de la levadura. Más allá del hecho identitario al que aludíamos antes, lo mejor de hacer buñuelos es que hacen falta dos personas para que queden perfectos. Uno se hace cargo de la buñolera y el otro de vigilarlos, darles vuelta y pasarlos al papel absorbente. Casi todo es más fácil si se hace con ayuda. Como dice Elsa Punset: "No es magia, es inteligencia emocional".  Y en este caso, sabiduría familiar.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Brócoli con gratinado de cebolla y almendra

Cuando vi el estreno del programa Cocina conmigo, presentado por el chef Rodrigo de la Calle, pensé inmediatamente en la escena en la que Meg Ryan fingía un orgasmo en Cuando Harry encontró a Sally. Como la señora del final de la escena, yo también quise haber desayunado lo que sea que Rodrigo se zampe antes de grabar, porque menudo derroche de energía y alegría despliega el tío en el plató. Lo podéis ver en el canal Nova, sobre las 13:00 h, los domingos.

El caso es que Rodrigo de la Calle, principal exponente de una tendencia conocida como gastrobotánica y famoso por sus preparaciones vegetales, ha bautizado al brócoli como la superverdura Y por eso yo he empezado este post hablando de él, para justificar una segunda receta de brócoli en tan poco tiempo. Y también para recomendaros su programa, que conste. Tras la crema del otro día, hoy os proponemos este gratinado mucho más tradicional pero también muy rico, que es nuestra versión de este del blog Pa amb Tomàquet, que con ese nombre no podía sino estar lleno de cosas apetecibles. Lo único que puede sonar a nuevo aquí es la almendra en la bechamel, que da un toque muy interesante. Y para terminar, una advertencia: es un plato sencillo, pero necesita varios cacharros y genera un fregadero muy lleno. El que avisa no es traidor.