Alcachofas estofadas

Creo que fue a principios de este siglo cuando esa hija de folklórica con nombre de emperador japonés, Roci-ito, prestó su imagen (misterios del marketing) y puso de moda la dieta de la alcachofa. Por mucho daño que esto haya podido hacer, la alcachofa no deja de ser una maravillosa verdura que esconde, tras un exterior duro y de aspecto rudo y brutote, un corazón maravilloso y lleno de propiedades positivas, suave y tierno. Pero cuesta un montón llegar a él, hay que trabajársela mucho a la alcachofa. Eso sí, si lo lográis, esta especie de Mr. Grey de las verduras os dará muchas satisfacciones en cualquiera de sus formas. Crudas, fritas, a la plancha, o como hoy, estofadas lentamente.

Sí, amiguitos, he dicho estofadas. No hace falta carne para hacer un estofado. Estofar es, dicho en pocas palabras, cocer algo a fuego lento, tapado y con poco líquido, para recoger bien los aromas y que los ingredientes mezclen sus sabores y a la vez no pierdan su esencia. Pura magia, vamos. Y en este caso, una vez limpias las alcachofas, es más fácil que leerse los libros de E. L. James. Además, lo de las propiedades para quitarnos de encima lo que quede de empacho navideño están más que contrastadas. No hay excusa para ponerse ya mismo a ello.

(Mientras escribía esto, me he encontrado esto otro compartido por una amiga en facebook. Así que ya véis que es tendencia ponerse a estofar verduras. Lo que yo os decía)



Vamos, pues, a ponernos a la moda con esta receta heredada, como tantas otras, de mi señora madre:

Ingredientes:

1 kg de alcachofas
2 cebollas
2 tomates 
1/2 limón
1 medida (50 cl aprox) de aceite de oliva
3-4 ajos
Un puñado de piñones.

Preparación:

1. Pon música y agua a calentar en una cacerola. Calcula más o menos el agua justa para cubrir las verduras. Añade el medio limón cortado en cuatro trozos.
2. Ve pelando las alcachofas. Quítales las hojas exteriores, córtales las puntas, aféitales el rabito. Déjalas impecables.
3. Ábrelas por la mitad, o córtalas en cuartos si son grandes. Añádelas a la cacerola.
4. Corta las cebollas burdamente en dados. Añádelas a la cacerola.
5. Ralla los tomates. Áñadelos a la cacerola.
6. Pela los ajos y córtalos en dos o tres trozos. Añádelos a la cacerola.
7. No hagas nada con los piñones. Sólo añádelos a la cacerola.
8. En cuanto hierva el agua, retira el limón y añade el aceite. Sala ligeramente.
9. Tapa y cuece a fuego lento una media hora. Si lo ves muy caldoso, cuece unos minutos más, abierto.
10. Sirve caliente y con su propio jugo. Acompaña de pan para mojar, si no eres muy de dietas.

Comentarios

  1. Sugerencia para tocar los huevines:
    Deja a remojo los piñones una noche en un vino añejo, tipo Marsala italiano, o en cognac (brandy me sirve).

    Creo que voy a dejar de introducir sugerencias por mi propio bien.

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  2. De eso nada, hombre! las sugerencias siempre son bien recibidas. además, toda estrella que se precie tiene que tener por lo menos un fan "tocahuevines"

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  3. Que pintaza, flipo con las alcachofas, incluso crudas. Un saludo

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    1. Las alcachofas son un gran invento. Están riquísimas de cualquier manera. Mi madre se las pone al arroz con pescado de los domingos cuando es temporada, y de verdad que se te salatan las lágrimas! Gracias por pasarte y dejar un comentario, Javi!

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  4. Yo también he comido esas maravillosas alcachofas de la tata, pero si le añades unos taquitos de jamón serrano, palabra que están de vicio...

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    1. Tremendas, a que sí? Con semejantes referencias, no podríamos sino haber salido cocinillas todos en casa. Un saludo y gracias por el comentario!

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  5. A mi me encantan de cualquier manera. La foto ya "me pone". Voy a intentar añadirle sepia o calamar. ¿Como lo veis?

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