De entre todas las barbaridades que se hicieron en los años del boom de la construcción, y que nos han traído a esta larga travesía del desierto, una de las más potentes visualmente es la proliferación de rotondas y más rotondas rematadas por esculturas del más dudoso gusto. Para nosotros se lleva la palma la que da la bienvenida al "aeropuerto del abuelo" en Castellón, pero aquí podéis ver un compendio de las más ridículas. El caso es que nosotros, al contemplar la foto que acompaña este post, nos preguntábamos si dentro de tanto despropósito, a nadie se le había ocurrido poner en el centro de una rotonda una monumental magdalena con su copete bien hinchado, representando quizás a las cosas que se hinchan un poco artificialmente y que una vez devoradas no dejan más que unas migajas de nada.
Bueno, dejando a un lado nuestro poder de fantasear, hoy os dejamos con una monumental magdalena que salió con un copete así de bonito gracias a la infalible receta de Xavier Barriga, aunque con la salvedad de que en este caso es una magdalena salada. El contraste puede resultar algo extraño, pero resulta adictivo. Puede ser un entrante interesante para una comida de impacto, yo lo puse en un platillo de pan a modo de idem, pero también vale para un desayuno algo diferente o una merienda. Cambiar el tipo de queso y los frutos secos lo dejo a vuestro criterio, seguro que hay millones de combinaciones espectaculares. Y la fórmula sale siempre. Para ponerle una rotonda, vamos.




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