Hoy la cosa va de ser blogueros honestos. Como podéis ver, os presentamos una tarta que tiene muy buen aspecto exterior y, como no tenemos foto del corte, podríamos decir sin que nadie pudiera rebatirnos (salvo un pequeño grupo de testigos que tenemos comprados a base de suministrarles su dosis de glucosa periodicamente) que por dentro tenía un intenso y preciosísimo color rojo, pero nosotros no somos así, si la cosa era más brown velvet que red velvet, no nos duelen prendas en reconocerlo, como debe ser, y no engañar al personal. Así pues, una entrada honesta quedaría más o menos como sigue:
Aquí tenéis nuestra tarta de terciopelo rojo, una maravilla de la repostería (norte)americana de esas que suben los índices de culpabilidad calórica al más pintado. A nosotros se nos ha quedado espectacular, como veis en la foto, con una reinterpretación en clave de chocolate blanco de nuestro ya famoso frosting de queso crema que es la mismísima muerte por cremosidad. El bizcocho es húmedo y dulce, pero no empalagoso, es esponjoso y muy agradable al paladar. El único problema es, como os decíamos, que a nosostros no se nos quedó tan rojo como queríamos, pero eso es una cuestión simple de aspecto. Las razones pueden ser dos: que fuéramos demasiado rácanos con el colorante (no somos muy amigos de la química) o demasiado generosos con el cacao (del que somos muy fans). Sea como sea, el sabor no se vio alterado y casi casi nos sacan a hombros en el cumpleaños al que llevamos la tartaza en cuestión.
Nuestra receta está inspirada, para el bizcocho, en esta de Alma Obregón en Canal Cocina, que sí dió con el colorante correcto. El frosting es de nuestra cosecha. Y es un puro vicio.



